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AVENIDA DE MAYO
En la Ciudad de Buenos Aires existe sólo una arteria que establece un eje conector entre la Casa Rosada (sede del Gobierno argentino) y el edificio del Congreso de la Nación: la Avenida de Mayo.
Esta avenida, de 30 metros de ancho y sólo 10 cuadras de longitud, se inauguró en 1894, y en el término de 10 años, logró convertirse en el escenario central de la vida pública porteña de principios del siglo XX, por contar con hoteles de categoría, teatros, cafés y otros edificios distinguidos (el café Tortoni, el teatro Avenida, el Palacio Barolo, el hotel Castelar, por mencionar algunos).
En cierto modo, su estilo arquitectónico es francés (producto del trabajo de cientos de arquitectos, albañiles, herreros y artesanos, que la idearon para darle un aire “parisino”), aunque posteriormente la colectividad española abrió bares y restaurantes de características ibéricas, que con el paso de las décadas también se instalaron y se conservaron en la zona.
La avenida es la ruta obligada de los presidentes electos de la Nación los días de las asunciones, aunque también es uno de los lugares predilectos para realizar tanto manifestaciones, marchas, protestas como fiestas y celebraciones en fechas patrias.
Como curiosidades se pueden destacar que en un edificio ubicado sobre Avenida de Mayo se instaló el primer ascensor que tuvo la Ciudad de Buenos Aires, y también que allí tuvieron sus sedes los periódicos más importantes de diversas épocas: La Prensa, El Diario, El Argentino, El País, La Época y Crítica. También que por debajo de esta avenida circula la línea A, primera línea de subterráneos que hubo en el hemisferio sur (data de 1913).
En 1997 se la declaró como Lugar Histórico Nacional, por lo que desde aquel año ya no se puede alterar ninguna de las fachadas de sus edificios, ni montar determinadas publicidades y marquesinas.
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