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NOTAS
 

La Gastronomía
De Esmeralda a Callao hay numerosos cafés, restaurantes (casi todos pizzerías) y confiterías tradicionales. Entre los primeros se destacan, El Foro en la esquina con la calle Uruguay; en el 1453;
La Giralda, reconocido por preparar buen chocolate con churros, que puede tomarse en sus mesas de madera y mármol. Lugar de encuentro de la intelectualidad porteña, su estilo ha sobrevivido a las corrientes modernizadoras. En la esquina de enfrente se levanta el café Ramos, hoy día remodelado, que fue un bar artístico en donde se reunían actores, periodistas y cineastas.
En la esquina con Paraná la confitería Politeama tiene el nombre y un estilo que recuerdan al desaparecido Teatro Politeama Argentino, que funcionaba en el nº 1490.
El café La Paz en Corrientes y Montevideo, fue reducto de muchos bohemios y socialistas, especialmente durante la década de 1960. En él se reunieron escritores y músicos como David Viñas, Ricardo Piglia, Enrique Mono Villegas y el desaparecido por la dictadura Rodolfo Walsh. Hoy es un sitio frecuentado por artistas y público de los teatros cercanos.

El café El Estaño, en la esquina con Talcahuano, es un café tanguero, en el que trabajó Aristóteles Onassis cuando llegó como refugiado a la Argentina. Una anécdota cuenta que el magnate, trabajando como mozo, le sirvió un café a Carlos Gardel, allá por 1924. En Corrientes y Callao el restaurant-bar La Opera, es un clásico lugar de reunión de familias, gente de negocios y parejas.

En cuanto a los restaurantes, los hay de todo tipo y bolsillo, como por ejemplo las pizzerías situadas en la cuadra del 1300, Güerrín, enfrente Los Inmortales por la que pasaron muchos intelectuales, artistas y bohemios retratados en ella; y Banchero Centro desde 1932, en esquina con Talcahuano.
A su iniciador Agustín Vanchero, se le atribuye ser el creador de la fugazza con queso. En el 838 Las Cuartetas es una pizzería legendaria que en 1932 se hallaba junto al Teatro Tabarís. En la década del 40 impulsó innovaciones en la pizza, al agregarles ingredientes como salsa blanca, jamón con morrones, etc. El Palacio de la Papa Frita, en Corrientes 1612, es un reconocido restaurante con comida internacional, variedad de vinos finos y salón de fiestas.

Otro clásico restaurante es el Pippo, que si bien no está sobre Corrientes, se halla en Paraná 356.
Tiene un estilo "bien porteño" y es ideal para comer rápido, bien y barato ya sea sus pastas caseras, acompañadas con variedad de salsas, entre ellas la más famosa de tuco y pesto; o sus carnes de exportación asadas a la parrilla.

En la cuadra del 1400 se encuentra la bombonería Bombonella, fundada en 1941, que produce todo tipo de chocolates en forma artesanal; y la lujosa Lion d’Or, con sus cajas artesanales que guardan chocolates elaborados con materias primas de calidad. En Corrientes 1669 se halla El Gato Negro, una tradicional tienda de especias, con buen ambiente porteño e ideal para tomar un café con algo dulce. Su fundador fue el español Victoriano López Robredo, que había vivido cuarenta años en Ceilán, Singapur y las Filipinas. El negocio estaba en 1926 en donde hoy se sitúa el Teatro Presidente Alvear.

Heladería El Vesubio
La primer heladería de la ciudad existe aún en el nº 1181 de Corrientes y se llama El Vesuvio.
Fundada en 1902 por el matrimonio italiano Cocitore, incorporó luego el servicio de cafetería.
Desde 2007 cuenta a su lado con un resto-bar. Eran asiduos concurrentes Carlos Gardel, Juan Manuel Fangio, Tita Merello, Julio de Caro, Luis Sandrini y Jorge Luis Borges, entre otros ilustres argentinos.
Su interior está decorado con fotografías antiguas de los más importantes exponentes de la cultura argentina, y con vitrales que recuerdan paisajes italianos. Horacio Ferrer y Astor Piazzolla recuerdan a El Vesuvio en la letra del tango La Última Grela, describiendo la noche porteña repleta de nostalgia y amor.

La Helvética
Era una construcción sencilla con planta baja y primer piso, en la esquina sudoeste con San Martín, que durante 115 años fue restaurante y reducto de periodistas, políticos, escritores y dignatarios como Bartolomé Mitre, Roberto Payró, Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, Eduardo Mallea, Carlos Tejedor, el nicaragüense Rubén Darío y otros. Se trataba de un salón alargado con elementos de bronce en un rincón. Cerveza suelta, vajilla inglesa, jarras francesas y copetines impecablemente servidos se podían hallar en él. Por razones políticas fue bombardeado en 1955. Al reabrir al poco tiempo Ernesto Sábato dijo: En este lugar sagrado, donde acude tanta gente, que el cañón ha derrotado, brindemos eternamente.En 1975 cerró sus puertas definitivamente por razones económicas.

Confitería Real Al 1300 (esquina con Talcahuano), decorada estilo art nouveau. Solía acudir allí Florencio Parravicini, razón por la cual a esa esquina en 1959 se le dio el nombre de dicho actor. También pasaron por ella reconocidos tangueros como Carlos Raúl Muñoz (conocido cómo Carlos de la Púa), Aníbal Troilo, Julio de Caro, Angel D'Agostino y otros.
Café Domínguez En su local, abierto las 24 horas y sito en el nº 1537, tocó en 1923 la primer mujer bandoneonista: Paquita Bernardo, "la flor de Villa Crespo". Admirada y solicitada, tuvo una vida efímera, ya que falleció en plena fama a los 25 años de edad. En el café, la orquesta tocaba situada en un palco alto y bien visible. Un famoso tango de Ángel D'Agostino lo recuerda.
Café Politeama Al lado del teatro, pero cruzando la calle Paraná, fue frecuentado por cantantes que buscaban la gloria. En la actualidad, en el lugar del café, se halla la confitería del mismo nombre.

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